Nº 1762 lunes 14 de Enero de 2019


DESTACADO


Tras las revelaciones de ‘El Confidencial’ y de ‘Moncloa.com’, uno se asombra de que lo que no logró un Zapatero presidente del Gobierno de España lo consiguió un personaje de las cloacas del Estado

FG contrató los servicios de Villarejo en la lucha por el control del BBVA

 


NL

El diario ‘El Confidencial’ en colaboración con ‘Moncloa.com’ ha revelado que el hasta hace unos días presidente del BBVA, Francisco González (FG), contrató los servicios del comisario Villarejo en 2004 para tratar de frustrar el asalto de Sacyr al banco e investigar a los principales promotores de esa operación, entre otros, el entonces presidente de Sacyr, Luis del Rivero; su accionista y consejero Juan Abelló y el jefe de la Oficina Económica de José Luis Rodríguez Zapatero, Miguel Sebastián. Una investigación que no se limitó al conocimiento de la estrategia de los adversarios, denominados en el contrato firmado en la contratación de servicios de Villarejo como Grupo Hostil (GH), sino que entraba en las vida íntimas de sus integrantes.
“El encargo, que se había mantenido hasta ahora en el más absoluto secreto –aseguran los aludidos digitales– se desarrolló durante al menos tres meses. Concluyó cuando Del Rivero y el resto de implicados terminaron desistiendo de tomar el control del Consejo del banco y forzar el relevo de González de la Presidencia, tras no conseguir que el Banco de España respaldara expresamente la maniobra”.

La información proporcionada está respaldada con la reproducción del contrato firmado por el excomisario de Policía con el BBVA y según, indican estos medios, por más de 4.000 documentos sobre los que seguirán publicando  por entregas los próximos días.

No hay filtraciones inocentes pero los hechos son los hechos

No hay filtración inocente y es probable que ésta sea lanzada por el comisario Villarejo, que no descansa en su chantaje para salir de la cárcel. La presencia en este asunto de ‘Moncloa.com’, a la que se supone controlada por Villarejo, así parece indicarlo.

Sin embargo, al margen de la suposición de intereses espurios en la filtración los datos que se aportan, lo cierto es que los hechos revelados, que pueden ser delictivos, no han sido desmentidos, ni corroborados, por el banco.

Sin embargo, sí han sido corroborados  en parte por Julio Corrochano, director de Seguridad del BBVA hasta hace unos días, quien ha declarado al diario ‘El Independiente’ que Villarejo investigó a ministros del Gobierno de Zapatero, empresarios y otras personalidades públicas. Son informaciones que aportan nueva luz sobre la lucha por el poder que tuvo lugar por el control del BBVA.

Este es un asunto sobre el que nuestro director, José García Abad, ofreció amplia información en su libro ‘El Malvado Ibex’ (Ediciones El Siglo, 2016). Considera el autor, que el BBVA, segundo banco del país, parece destinado a despertar las apetencias políticas tanto del PP como del PSOE. En ambos casos los responsables políticos del asalto niegan haber intervenido en él. Lo negaron en su día José María Aznar y Rodrigo Rato, y lo negaron  José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Sebastián, que insisten en que el único autor de la intentona fue el constructor murciano Luis del Rivero, presidente entonces de Sacyr.

Zapatero y Sebastián no montaron la operación pero la contemplaron gozosos

Pudo hablar en su día José García Abad, con motivo de su libro ‘El Maquiavelo de León’, tanto con Miguel Sebastián como con Luis del Rivero, y fue testigo de un

cambio de impresiones al respecto de Zapatero con el presidente del BBVA, Francisco González. Su conclusión es que, a diferencia del protagonismo de Rodrigo Rato, que llevó de la mano a FG desde la entrada en Argentaria hasta la expulsión de los vascos, en el caso que nos ocupa el protagonista fue Luis del Rivero y tanto Sebastián como Zapatero contemplaron gozosos, sin protagonismo, la oportunidad de desplazar al hombre del PP en el banco. Pero parece evidente lo que sugería Del Rivero al autor: que él no hubiera intentado la operación sin saberse apoyado por el Gobierno.

Sebastián le aseguró con firmeza a García Abad que se opuso a esta medida, en razón, justamente, de su pasada relación con el banco. Sin embargo, no es aventurado suponer que simpatizara con la intentona y, de hecho, Sebastián mantuvo una relación frecuente con el constructor con quien compartió sabrosos cocidos de trabajo al que ambos son aficionados.

Soñaron con desplazar a los amigos de Aznar

Noviembre de 2004. En el gobierno Zapatero, y entre el núcleo duro socialista, predominaba la idea de que había que desplazar de las grandes empresas privatizadas por Aznar a los amigos que éste colocó al frente de las mismas.

Es difícil moverse con seguridad en este asunto pues las visiones que proporcionan unos y otros son contradictorias. Del Rivero avala, en conversación con García Abad, la versión de Sebastián. Sin embargo, cuando aquél se entrevista con el entonces consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, ‘Goiri’, para informarle de la operación en marcha, le asegura que Zapatero, Sebastián y Solbes la apoyan.
La idea no parte de Moncloa, sino de Luis del Rivero, el ambicioso constructor murciano, pero lo segundo que hace éste es recabar el apoyo de Moncloa. Lo primero es informarle a José María Aznar, por medio del amigo de ambos, Juan Abelló, y, una vez obtenido, supuestamente, su plácet, intenta valerse del apoyo gubernamental.

En efecto, Abelló había hablado con José María Aznar y le había dicho: “Mira, presidente, el Gobierno está decidido a echar a Paco y, antes de que nos pongan a un socialista de presidente, mejor es que lo sea uno de los nuestros”. Abelló salió de la entrevista convencido de que el expresidente apoyaba la operación.

Entonces el constructor se dirige a Moncloa –reconoce que habló con Teresa Fernández de la Vega dos veces y niega que hablara con Zapatero en aquel momento– y en Moncloa lo encaminan a Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica, y éste le rebota hacia Solbes. Si Del Rivero no tuviera intenciones de conseguir apoyo político se habría dirigido directamente  al ministro de Economía o al gobernador del Banco de España, que entonces era Jaime Caruana, colocado en la poltrona de la plaza de Cibeles por obra de Rodrigo Rato.

La politización del asunto desde su origen ofrece pocas dudas, pero la iniciativa no partió del Gobierno, aunque éste viera la operación con buenos ojos pues, antes de alcanzar el poder, había dicho que esperaba la dimisión de los presidentes colocados por José María Aznar.  “Yo no estoy en la política y no actúo desde una óptica política” – arguye el constructor”–. Del Rivero, en efecto, ve la operación de acuerdo con su propio interés, desde la perspectiva del hombre de negocios, como es natural.

“La realidad –le confió, filosófico, y críptico, Del Rivero a nuestro director–, es un icosaedro, que tiene 20 caras; o si quieres, un dodecaedro, que tiene 12 caras pentagonales muy bonitas; yo te hablo de uno de los doce pentágonos, que es nuestro pentágono empresarial. Pero no se me oculta que hay otros once pentágonos, otras once caras: mediáticas, políticas, sociales… y ahí yo no puedo entrar”.

Y añadió una constatación irónica: “¿Estaba el Gobierno en la operación? pues en razón de los resultados más valdría que hubiera estado la oposición. El otro Gobierno, cuando quiso poner a Pepito en un sillón, lo puso y punto”.

Obviamente “Pepito” era José María Aznar, que le dio la llave del BBVA a Francisco González. Tras las revelaciones de los aludidos digitales uno se asombra de que lo que no logró un Zapatero legítimamente al frente del Gobierno de España lo consiguió un personaje de las cloacas del Estado cuyo sueldo salía del Ministerio del Interior.

“Tenemos un dossier abultado contra él”

El murciano manejaba una amenaza: Francisco González no tendrá más remedio que dimitir porque tenemos un abultado dossier de las irregularidades de la venta de su sociedad de valores a Merrill Lynch. El dossier de referencia se lo había entregado el presidente de Intermoney, Pepe Pérez, a Javier Ruiz, un redactor de la SER.

“Así que –concluye– está todo en marcha y Zapatero apoya la operación porque Miguel Sebastián le ha convencido. No sólo por lo que representa el banco en sí mismo, sino también porque el BBVA posee un cinco por ciento de Telefónica y no se te oculta que Alierta también tendrá que dimitir”.

En esta historia Solves se lava las manos como Pilato. “Lo que diga Jaime”. Por Caruana, el gobernador del Banco de España. El murciano no se rinde y acude a Matías Cortés, que estaba en la operación y que era a la sazón secretario del Consejo de Administración de Prisa, para obtener el apoyo del grupo periodístico más influyente del país.

Como consecuencia de su gestión, Juan Luis Cebrián, entonces consejero delegado de la editora, se entrevista, al parecer, con Miguel Sebastián, que le confirma la operación y que, también al parecer, –la información la recibe García Abad de una sola fuente– le asegura que Prisa tendrá mucho que ganar cuando el control de Telefónica sea un hecho.

De esta forma el constructor consigue que el grupo Prisa apoye al murciano, al tiempo que ‘El Mundo’ se manifiesta a favor del banquero que había colocado Rodrigo Rato; y lo mismo hacen el diario económico ‘Expansión’ y ‘ABC’, entre otros medios de ideología conservadora. En definitiva, se reproducen una vez más los frentes mediáticos: el centro izquierda con el Gobierno –no hay periódicos de izquierdas – de quien nadie dudaba entonces que está detrás de la operación, y la derecha a favor de las posiciones del Partido Popular. Hasta que Cebrián y la gente de Vocento (‘ABC’ y numerosos periódicos regionales) se dan cuenta de que la operación no saldrá adelante.

El BBVA paga a Villarejo un pastón



Según ‘El Confidencial/Moncloa.com’, BBVA y Villarejo bautizaron sus investigaciones contra Sacyr y el gabinete del PSOE con el nombre de ‘operación Trampa’. Por esa labor, el banco se comprometió a pagar al comisario un mínimo de 360.000 euros más IVA (417.600 euros), más un pago adicional de otros 120.000 euros tras el éxito de la operación, según recogen los documentos confidenciales que negociaron ambas partes, aunque en contratos iniciales llegaron a barajar el abono de hasta 870.000 euros y contemplaron diferentes opciones para evitar que la transferencia alcanzara un importe escandoloso.

Una de las posibilidades –sostienen los aludidos medios– fue camuflar los trabajos de Villarejo mediante facturas falsas por servicios de ocio, estudios de mercado o conceptos similares. Otra de las opciones que contemplaron la entidad y el comisario fue que el pago se efectuara en el exterior, fuera del control de las autoridades españolas.

... y todo El Nuevo Lunes en www.elnuevolunes.es

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