Nº 1697 lunes 24 de julio de 2017
DESTACADO

Aznar colocó a Blesa, que en paz descanse; Rajoy, a Rato, y Aguirre lo intentó con González, todos procesados

Caja Madrid/Bankia o el intervencionismo sucio de los poderes políticos: Gobierno, PP, Comisiones Obreras e Izquierda Unida

El suicidio de Miguel Blesa mueve a la compasión. Transmitimos nuestro pésame a la familia. Sin embargo, no justifica el silencio periodístico ni el olvido ciudadano respecto a sus tropelías. Sí hay lugar para una reflexión en torno a la excesiva duración de los procesos, que dificulta la reparación del daño efectuado pero que también genera en los encausados daños ajenos a la pena merecida por el delito. No son pocos los procesados que han
somatizado la angustia de los largos procedimientos en cáncer que en algunos casos los ha llevado a la muerte, que no está prevista en el Código Penal.

 

■ N. L.

Miguel Blesa salva con el suicidio sus responsabilidades penales. Se pierde el testimonio de quien dirigió Caja Madrid durante 13 años, el del mayor responsable del descalabro de la segunda caja de España y de la cuarta entidad financiera del país. No puede evitar, sin embargo, que la Justicia busque y recupere el dinero robado, una tarea que hasta ahora no ha conseguido en los otros casos de corrupción y que en este se dificulta mortis causa.  

La muerte de Miguel Blesa de un disparo de escopeta en su finca cordobesa ha añadido una pincelada trágica sobre uno de los dos personajes que llevaron a Caja Madrid, devenida en Bankia, a un desastre que nos ha costado a los españoles 20.000 millones de euros y un oprobio universal. El otro personaje es, obviamente, Rodrigo Rato.

El suicidio del primero, lamentable como toda muerte, mueve a la compasión. Desde aquí transmitimos nuestro pésame a la familia. “Rafa, ¿tienes el teléfono de mi mujer por si tienes que llamarla?” fueron sus últimas palabras que dirigió a Rafael Alcaide, ingeniero de la finca Puerto del Toro donde acabó con su vida, según cuenta el diario El País.
Sin embargo, su trágica muerte no justifica el silencio periodístico ni el olvido ciudadano respecto a las  tropelías cometidas por Miguel Blesa, no sólo por el saqueo perpetrado con las tarjetas black, por el que fue condenado, sino también por la estafa a 300.000 preferentistas, por lo que estaba imputado. 

Sí hay lugar para una reflexión en torno a la excesiva duración de los procesos judiciales, que dificulta la reparación del daño efectuado pero que además genera en los encausados daños ajenos a la pena merecida por el delito. No son pocos los procesados que han somatizado la angustia en cáncer que en algunos casos les ha llevado a la muerte, que no está prevista en el Código Penal.

Aznar, Blesa y Rato dejan un imborrable rastro de infamia

Miguel Blesa, un personaje sin conocimientos financieros colocado al frente de la cuarta entidad financiera del país  por la gracia de José María Aznar, su compañero en las oposiciones para inspector de Hacienda, deja un imborrable rastro de infamia.

Pasará a la historia negra de la banca junto a Rodrigo Rato, a quien deseamos larga vida. Quedan por recibir su merecido los depredadores vivos, algunos demasiado vivos, que participaron de la gran orgía de la avaricia y del desprecio a los principios que debían inspirar a los servidores públicos.

Todo empezó tras el cese prematuro e irregular de Jaime Terceiro Lomba en 1996, un año después de que este fuera reelegido. Terceiro, que también carecía de experiencia bancaria, gobernó la caja con el apoyo del PP, PSOE e Izquierda Unida, hasta que en 1995 el Partido Popular ganó las elecciones en el Ayuntamiento y en la Comunidad de Madrid e inició el asalto que culminó con éxito gracias a un pacto del PP con Comisiones Obreras e Izquierda Unida del que no se informó al Consejo, como era obligado. De nada sirvió a Terceiro, colocado en la caja por el PSOE, poner rumbo hacia el Partido Popular.

Un contubernio entre el PP, Izquierda Unida y Comisiones Obreras

Fue un golpe financiero obtenido gracias a un pacto del Partido Popular con Comisiones Obreras al que se añadió el PCE, que nunca se dio a conocer al Consejo, según denunciaría Jaime Terceiro, que había dirigido la entidad con prudencia desde enero de 1988. Y con la abstención del PSOE, cuyos consejeros votaron en blanco contra la costumbre ancestral de elegir al presidente por unanimidad.

Los coaligados llegaron al acuerdo de dar una versión única del contenido del acuerdo: el compromiso de Blesa de que no haría ningún intento de privatizar la caja. Pronto se verían los verdaderos compromisos: Izquierda Unida, dirigida por Julio Anguita, recibió el 87 por ciento de los créditos concedidos a los partidos políticos; fue reelegido vicepresidente de la Caja José Antonio Moral Santín, exdiputado regional de Izquierda Unida, y consejero Francisco Vaquero, esposo de María Jesús Paredes, secretaria general de la Federación de Banca de Comisiones Obreras, que hizo una fortuna con la externalización de los cursos de formación del sindicato. Miguel Blesa se comprometió a no hacer ningún nombramiento sin el acuerdo con “los aliados”.

Aznar se pasó por el forro tres siglos de independencia de Caja Madrid
Blesa era entonces consejero de Antena 3 Televisión donde representaba a Banesto, tras un acuerdo de Aznar con los responsables de la entidad financiera antes de que fuera adjudicada al Santander.

José María Aznar tenía un hombre para una caja tres veces centenaria que se había mantenido incólume ante las presiones de infinidad de gobiernos: Miguel Blesa, un señor sin experiencia bancaria pero compañero de Aznar en la preparación para inspectores de Hacienda y coincidentes en el destino común en la Delegación de Hacienda en Logroño.

Lo salva el ‘tamayazo’

Cuando en 2003 Rafael Simancas gana las elecciones autonómicas, hace declaraciones a la prensa en las que indica su intención de cargarse a Blesa y sustituirlo "por otra persona de talante más progresista”; pero entonces llegó el tamayazo.

Esperanza Aguirre lucha con uñas y dientes para colocar a su hombre de máxima confianza, el entonces vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, frente a Alberto Ruiz-Gallardón, que trata de impedir la jugada de su compañera de partido, y sin embargo adversaria, que le restaba poder en la caja.

Finalmente, tras más de un año, de finales de 2008 a enero de 2010,  de encarnizadas escaramuzas, la decisión fue tomada por el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, en beneficio de Rodrigo Rato quien, como es sabido,  incrementó el agujero de Caja Madrid y su continuación en Bankia hasta extremos sistémicos.

Todavía no se puede calibrar de forma segura la contribución de cada uno al formidable agujero que obligaría a la nacionalización de esta entidad que se llevó la mitad del dinero recibido de la Comisión Europea en el rescate financiero de España. 

La única intervención del gobierno socialista estuvo a cargo de Pedro Solbes quien, en marzo de 2009, anunció que el Gobierno recurriría ante el Constitucional la ley de Aguirre que daba a ésta todo el poder en la caja pues vulneraba la normativa estatal.

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