Nº 1692 lunes 19 de junio de 2017
DESTACADO

Luis de Guindos no se cree la autonomía del Banco de España mientras los inspectores del Banco de España dan la nota

Y LUIS MARÍA LINDE SE PUSO DE PERFIL

■ N. L.

Las razones de Luis de Guindos sobre el fulminante aniquilamiento del Banco Popular, tras haber proclamado su solvencia, son más que discutibles. Las del gobernador del Banco de España, Luis Maria Linde, son irrefutables por inexistentes. Afortunadamente  contamos con el testimonio de los inspectores del Banco de España, muy críticos con la decisión tomada, como lo fueran por la inacción respecto a Bankia.

Hoy están investigados en relación con el caso Bankia exdirectivos del Banco de España y de la CNMV por el juez Fernando Andreu de la Audiencia Nacional mientras sendos responsables se echan la pelota el uno al otro. Andreu investiga  tanto a quien fuera gobernador del Banco, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO) como el subgobernador Fernando Restoy. Así como Julio Segura y Fernando Restoy que fueron presidente y vicepresidente respectivamente de la CNMV en los tiempos de Zapatero.

El nombramiento de su actual presidente, Sebastián Albella no ha devuelto a la institución la credibilidad precisa. No está en cuestión ni su honestidad personal ni sus capacidades técnicas pero no deja de ser uno de los personajes que desde su despacho de abogado ha estado hasta ahora en la otra parte del mostrador. Ha sido, como el mismo reconoció, una puerta giratoria al revés: del manejo privado al cargo público.

Ni el ministro ni el propio gobernador se creen la autonomía del Banco de España

Ya hemos visto que la “resolución” del Banco Popular  se ha decidido en Bruselas pero la intervención del Mecanismo Único de Supervisión (MUS),  órgano del Banco Central Europeo (BCE) no se hubiera producido si el Banco de España, integrado en el BCE  hubiera hecho su trabajo con el margen de autonomía que este atribuye al banco central español en la vigilancia de nuestras entidades financieras. Es una pena que ni el ministro ni el propio Banco se hayan creído la autonomía de este,  (autonomía del Ministerio de Economía o de Hacienda según la organización funcional de cada gabinete) que le garantizaba la ley de 1 de junio de 1994.

Los ministros del ramo de los distintos gobiernos, a contrapelo de esta norma, han seguido considerando al Banco de España, como una dirección general de sus respectivos  departamentos ministeriales. Dicen que las comparaciones son odiosas pero hay que admitir que el Banco de España goza de menos independencia que la CNMV.

En ambos casos, gobernador y subgobernador en lo referente al Banco y presidente y vicepresidente de la CNMV,  son nombrados por el Gobierno pero al menos la CNMV toma ahora sus decisiones con cierta independencia, desde la crisis del caso Gescartera y Pilar Valente, y de las pugnas entre Conthe y Arenillas respecto a las investigaciones sobre Francisco González (FG), el presidente del BBVA, con autonomía del Gobierno, aunque quizás no tanto de las grandes potencias financieras.

Las malas lenguas sostienen que el MUS aprovechó ser la última instancia para cargarse al Popular para dar ejemplo al no atreverse a meter mano a los italianos o alemanes donde se dan casos de entidades en peor estado que el Banco Popular.  Pero el MUS no hubiera tomado su ejemplarizante decisión si el gobernador Banco de España o, en definitiva el ministro que le suplanta no hubieran manejado la cuestión como Dios manda.

Si oficialmente se aseguraba que el Banco Popular no tenía problemas de solvencia sino de liquidez el Banco de España hubiera resuelto el problema inyectando toda la liquidez necesaria al banco en dificultades. En ese caso se habría cortado la hemorragia de los depositantes que huían de la entidad pues como es sabido el dinero, no es que sea cobarde, es que dispone de un fino instinto de conservación.

Son culpables los gestores del Popular, pero también los supervisores

En algo tiene razón Luis de Guindos en que los verdaderos culpables fueron los altos directivos. Exagera sin embargo las culpas de Emilio Saracho, su último presidente, que se enfrentó con una misión imposible al no contar con el auxilio del Banco de España ni del BCE. Por el contrario pudo observar como entidades públicas le echaban una mano al cuello retirando sus depósitos. Naturalmente con información privilegiada.
Le culpa el ministro a Saracho de que anunció ante la Junta General de Accionistas la necesidad de reforzar el capital de la entidad pero sin detallar un plan de actuación concreto, como si no hubiera sido razonable que Linde se reuniera con el presidente del Popular para establecer dicho plan con la garantía del Banco de España y la aquiescencia del Banco Central Europeo. El ministro, que había asegurado anteriormente la plena solvencia del Popular  como hemos dicho, le califica en el parlamento de “banco zombi”  y se jacta de que "la situación se ha solventado de forma rápida y eficaz",  y porque “no se ha comprometido ni un euro de dinero público". Y se queda tan ancho, ignorando las consecuencias que iremos viendo.
Ciertamente los directivos del Popular, desde que Luis Valls ungió como sucesor a Ángel Ron y este contó con diez consejeros delegados en diez años, que desarrollaron una estrategia suicida de crecer a toda costa irrumpiendo en el peor momento den la burbuja inmobiliaria tienen la mayor parte de culpa. Pero no se puede absolver  al supervisor.

Salvando las distancias es como en el terrorismo: que los culpables son los terroristas pero también tienen responsabilidades los servicios policiales. En el caso del Popular, como en el de Bankia, los  supervisores tienen su parte de responsabilidad en el estropicio.

No se puede salvar a los malos gestores pero tampoco al supervisor, al Banco de España. La culpa es del ladrón pero también se puede juzgar la gestión de la policía. Un banco o una caja no se caen de la noche a la mañana. El Banco de España cuenta con funcionarios eficientes, buenos inspectores e instrumentos suficientes para vigilar y actuar en el día a día de las entidades.

Tiene una gran responsabilidad en los estropicios tanto, el gobernado por Jaime Caruana, nombrado por el gobierno Aznar como  el que dirigió Miguel Ángel Fernández Ordóñez colocado por el de Zapatero. Como ahora Luis María Linde colocado por Mariano Rajoy. Todos sabían lo que estaba pasando. Los dos primeros  dejaron que se creara e hinchara la burbuja financiera. Y el último dejó que desapareciera el sexto banco del país sin que se le moviera un pelo.

Razonable opinión de la Asociación de Inspectores, la mosca cojonera del Banco de España

Advierte la Asociación de Inspectores del Banco de España, que agrupa al grueso de la inspección del organismo, en un comunicado que reveló el diario “El Mundo” que «con este modelo de regulación y de supervisión, es posible que la crisis del Banco Popular no sea desgraciadamente ni la última ni la peor».

«Estar satisfechos – constatan - porque un rescate o intervención se haya llevado a cabo sin coste directo para el contribuyente (los indirectos todavía están por analizar) es como estar contentos porque un paciente haya fallecido sin contagiar a nadie», en alusión a las declaraciones del ministro de Economía y de altos cargos del BCE entre otros.

En opinión de los inspectores, su caída es «especialmente triste si, tras mostrar los primeros síntomas hace tiempo, en lugar de proceder a una intervención terapéutica de restablecimiento de la salud se decidió permitir que la enfermedad siguiera su curso hasta convertirse en incurable».

«No podemos dejar de sorprendernos por un conjunto de afirmaciones en relación a que se ha tratado de una crisis de liquidez, no de solvencia. A menudo una conduce a la otra, pero si se adoptan las medidas adecuadas resulta difícil de aceptar que hoy en día cualquier entidad financiera, por grande que sea, pueda verse abocada a la quiebra por un problema estrictamente de liquidez».

“Si es así – se temen - sería una indicio sólido de que los garantes de la estabilidad financiera no han procedido de la manera más adecuada».

La única noticia positiva la proporcionó Juan Manuel Cendoya, vicepresidente del Santander España, anunciando que se buscarán soluciones para los pequeños
accionistas y clientes que acudieron a la ampliación de capital del año pasado. No hay que olvidar que son muchos los empleados, ahora del Santander, que acudieron a la misma.


EL ALECCIONADOR CASO DEL AVIÓN DE ÁNGEL RON
Es un secreto a voces el avión privado que Ángel Ron compartía con Trinitario Casanova, el aventurero alicantino a quien Ron valoraba como “cliente de gran confianza y accionista estable”, el de la especulación con el Edificio España, comprando al chino Wanda y vendiéndolo el mismo día al grupo hotelero Riu.
El avión vegeta en un aeropuerto de Frankfurt (Alemania) porque nadie se hace cargo de la última factura de reparación de un millón de euros. El juguete era lo que más le gustaba a Ron, que hacia numerosos viajes en él, a pesar de que el Popular no tenia presencia exterior. Comprado en 35 millones de euros su precio no supera ahora los 11 millones. Angel Ron que, a diferencia de Valls,  no es miembro del Opus Dei, tiene bastante soliviantado a la Iglesia Católica cuya sindicatura ha visto volatizarse 500 millones de euros de su participación.

 

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